• martes , 23 enero 2018

Al Bat: Talúa Dandridge

 

Por Jesús Alberto Rubio.

Les comparto el primer gran trabajo de investigación –de este naciente año– del colega historiador cubano Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga sobre un enorme personaje-protagonista eterno en el tiempo: Ray Dandridge.

Tan grande jugador lo disfrutó –ver y admirar sobremanera– la afición de la pelota mexicana de verano e invierno de los años 40´s de siglo pasado.

Aquí con los entonces Arroceros de Cd. Obregón (1948-1949) en la Costa del Pacífico, y en la Mexicana, especialmente con los Azules de Veracruz de Jorge Pasquel y el México Rojos.

De Osaba y Goenaga dedica el artículo en especial a Arturo Alonso, el lanzador de mi pueblo, advierte en el inicio del relevante documento.

 Y dice:

Raymond Emmitt Dandridge, quien se ubica entre los más grandes jugadores de la historia, tuvo que soportar la crueldad del racismo.

Opacó a estelarísimos con una singular personalidad, derivada de sus condiciones físicas. Algunos lo consideran el mejor tercera base, incluidos los iconos de las Grandes Ligas, donde él no pudo desempeñarse.

Derecho para batear, fildear y tirar, supo imponer su estilo en la tercera base, como torpedero, en segunda y también jardinero.

Este jugador recibió varios apodos derivados del físico. En los Estados Unidos le llamaron Ray, Emmit, Dannie, Hooks, Squatty, Gancho y Patizambo.

Mamerto (por sus piernas arqueadas) en México y Venezuela; en Cuba lo bautizaron Talúa, por un personaje de la serie radial Chan Li Po, que gozaba de mucha audiencia.

Parecía imposible que se desplazara a tanta velocidad con aquellas piernas totalmente zambas.

Pero, ¿qué tal si acepta acceder al sitio redesbeisbol para que le completo la aportación del gran colega?: https://beisbolredes.blogspot.mx/

Y, una vez que concluya con su lectura, también puede acceder al siguiente sitio — http://elchiltepin.mx/columna.php?idcol=9&idnota=626 — donde abordo uno de los capítulos de aquella época de oro del béisbol de México y en el que precisamente le doy un lugar especial a Dandridge, conocido en nuestra pelota como “Mamerto”.

Si le gusta y tiene pasión por la historia del béisbol, en especial de esa época en la que arribaron a nuestro béisbol mexicano grandes peloteros procedentes de las Ligas Negras de EU, Cuba, Puerto Rico, entre otros países latinos y del Caribe, le aseguro que disfrutará ambos trabajos.

RECUERDAN A ESPINO

Luego de publicar una foto de Héctor Espino, llegaron muchos comentarios en torno al No. 21.

Por ejemplo, Héctor Cruz recordó que a finales de los años 60 Espino comía de manera frecuente en el restaurant del Hotel Montecarlo, propiedad de Gilberto “El Chivo” Villa:

“Un día llegue y no había lugares y él estaba comiendo solo, por lo que le pedí si podía comer en su mesa e inmediatamente me dijo que sí. Y pues ya sabrán que platica. Un hombre educado y pausado. Por vierto, esa vez, me llamo la atención el tamaño de sus manos.

También Tomas Martell Torres, nos señaló: “Me tocó tratarlo en una reunión en Torreón cuando jugó con Tlahualilo, Durango, en la Liga Mayor de Laguna. Una persona muy sencilla. Mi padre jugaba con la Sección 74. Y sí, ¡un señorón Don HECTOR!

 Y la del Chino Madero:

Y qué decir la que también comentó en FB el colega Eugenio Madero Samaniego:

En la  Serie del Caribe celebrada a principio de los 90’s en Hermosillo, al llegar un servidor a hacer fila para acreditarme como reportero -en uno de los salones improvisados en el estadio que lleva su nombre-, me tocó estar un poco atrás de Don Héctor Espino que también esperaba que le entregaran su gafete.

Al preguntarle un servidor a nuestro gran ídolo qué estaba haciendo, me contestó lo que ya esperaba: esperando que le entregaran su gafete. En ese momento, pasó el mamón de José Tolentino que la andaba haciendo de columnista en El Imparcial y exigió que de manera inmediata le dieran su acreditación, lo cual le cumplieron.

Cuánto coraje nos dio al resto de los reporteros, pero el trago amargo pasó cuando un colega de Puerto Rico, al identificar a Don Héctor Espino esperando su turno en la larga fila, levantó la voz para exigir a los encargados de esa responsabilidad que “¡por favor, ¿cómo es posible que al dueño del este estadio y mejor pelotero mexicano en toda su historia lo hagan esperar para darle su acreditación para entrar a su propia casa?!, señoritas (les dijo a las secretarias que elaboraban los gafetes) entréguenle su acreditación a Don Héctor Espino”, lo cual hicieron de inmediato.

Pues eso, amigos, era parte de la humildad y lo grandioso que era Don Héctor Espino, a quien siempre lo recordaremos.

Esas anécdotas y más, ya sabe usted, en torno a Espino.

Reciba otro abrazo de inicio de año.

Más saludos y lectores

Agradezco la gentileza de comunicarse para expresar sus buenos deseos y parabienes en este 2018 y seguir recibiendo la columna, de los amigos-lectores y colegas Víctor Peralta, Francisco Montoya González, José Luis Preciado Paredes, Alberto Rondón, Maggie Varela, Abelardo Mosqueda, Carlos de Luna Saenz, Franco Becerra, Bernabé López, Arturo Rey, Gerardo Ernesto García López, Francisco León Carbajal, Daniel Castro Urías, Diana Cuen, Irma Rosa Samaniego, Lizbett Karina Torres Rivera, Eduardo Canseco, Daniel Camacho, Francisco Durazo, Ana Luisa Rivera Reyes, Miriam Verónica Meza de Gámez, Tony y Margarita Castro, Roberto Pedro Duarte Zamorano, Clemente Ávila Godoy, Miguel Ángel Duarte Rodríguez, Daniel Camacho… ¡Y hay más, por supuesto!

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